Los efectos de la droga fueron devastadores en los años 80. Nuestro compañero el Dr.Miguel Ángel nos relata cómo atendió a un joven afectado por sobredosis de heroína.

«Día de guardia de marzo de 1986, aproximadamente. Por aquel entonces, la asistencia que prestaba la Seguridad Social de Madrid capital, cuando se cerraban los ambulatorios, corría a cargo del Servicio Especial de Urgencias. Los recursos para acudir a las urgencias domiciliarias consistían en un coche de médico con conductor,  popularmente conocidas como «lecheras», coche de ATS con conductor, popularmente «GEOS» y ambulancias convencionales modelo turismo. Estos vehículos estaban dotados de emisoras que te conectaban con el Centro Coordinador. En los pueblos, que no eran distrito de Madrid, se denominaba Servicio Normal de Urgencias y tenías que ir a los domicilios con tu propio vehículo. Allí podías encontrarte un paciente con un problema de salud que podía ser de lo más variopinto y, con frecuencia,  tenías que reclamar con premura la presencia de la Policía o la Guardia Civil desde el teléfono de la familia o salir a la calle a buscar una cabina; no por el móvil, precisamente.  Las benditas UVIS  no llegaron hasta 1990. Ibas a los domicilios y podías enfrentarte a un caso banal, la mayoría de las veces, o un caso muy difícil, incluso irreversible. Uno reflexiona sobre aquellos tiempos y te parece increíble  el reto profesional al que nos veíamos sometidos y la valentía que demostrábamos.
Paciente  de dieciocho años, inconsciente por posible sobredosis. Calle tal, número cual.  Llego al punto, porque llegábamos solos, a veces te acompañaba el conductor, me abre una señora muy triste, angustiada y a la vez serena, y me ruega no haga nada por su hijo. Había más familiares tratando de consolar a la madre y prestándome su atención para ver al paciente. Está en el aseo, inconsciente y, efectivamente, con una posible sobredosis de heroína. Como pude me aproximé al paciente y le apliqué el tratamiento. No sé si habrá estadísticas de pacientes atendidos por sobredosis por aquellos años, pero seguro que son demoledoras. El tratamiento lo conocíamos y lo aplicábamos todos los médicos, y si llegábamos a tiempo le sacábamos adelante. Durante mi asistencia su madre me pidió reiteradamente, que le dejara morir. El chico recuperó la conciencia y sus constantes vitales y permanecí en el domicilio hasta que llegó una ambulancia para su trasladarlo al Hospital. Después… es como si hubieras participado en una obra de teatro, sin ensayo previo, y estás analizando  el desenlace. Rellenas el informe médico y desde tu espacio te quedas mirando a un lado y a otro, contemplas a sus familiares, a su madre, observando en ellos una alegría contenida y un hilo de esperanza para seguir luchando…»

Dr. Miguel Ángel Álvarez Álvarez.