Una parada cardiaca estando «fuera de servicio»

«Finales de diciembre de 2013, en la vía pública, frente a la entrada del servicio de urgencias de un hospital importante de Madrid. Lo que voy a narrar no tiene nada de excepcional ni meritorio para un servidor que ejerce la profesión de médico desde hace casi 35 años y en el SUMMA112. Lo cuento porque creo  puede servir de enseñanza  práctica para el ciudadano.

Volvía de paisano de dicho hospital con un familiar y nos dirigíamos al parking cuando vemos a unos metros un grupo de gente que anunciaba algo excepcional. Eran las doce de la mañana y el día estaba lluvioso. Nos acercamos y observo un señor de unos sesenta o más años que se tambalea y acaba cayendo al suelo de forma controlada por los que estábamos a su alrededor. El paciente, en el suelo, se mueve agitadamente y está muy azulado, amoratado; no respiraba porque se habían parado sus pulmones. Intentamos ayudarle y despejar su vía aérea, es decir,  que su garganta esté sin obstáculos para que pueda pasar el aire; pero segundos después se queda absolutamente inmóvil, palidísimo y frío. Le llamo, le muevo, le pellizco y nada. No respira y no tiene pulso en sus muñecas ni en el cuello. Está en eso que tantas veces mencionamos los sanitarios: paro cardiaco. Manos a la obra. Tumbado boca arriba y sobre superficie dura, deslizamos su cabeza hacia atrás y descubrimos su pecho. Entrelazo mis manos, las coloco entre las tetillas del paciente y empiezo un masaje cardiaco. Y aquí quería llegar…

Cómo hacer un masaje cardiaco

…Pecho del paciente, mi mano izquierda, mi mano derecha y presiono su tórax provocando un hundimiento de unos 3-4 centímetros. Para conseguirlo utilizamos en bloque los brazos y todo nuestro cuerpo. No golpeamos al paciente, le apretamos y aflojamos su pecho. Nos echamos para adelante y para atrás consiguiendo bajarle el tórax. Hundimos su pecho y dejamos que vuelva a su posición inicial. Es importante la frecuencia. Esta maniobra debe ser más rápida de una vez por segundo. Aprieto/aflojo, aprieto/aflojo; no golpeo el pecho, le hundo y dejo que vuelva a su posición… y esto debo hacerlo 100 veces por minuto. Va-va-va-va… así, más deprisa que una vez por segundo. Es difícil saber si llevaba un minuto, o dos, o tres, pero el paciente no respondía. Una enfermera que estaba ayudándome me recuerda el  boca a boca  y le digo que eso ya no se hace; es: masaje, masaje, masaje. Y es sentido común: el motor del cuerpo se ha parado y no debemos distraernos en otras maniobras que no sean agitar y agitar el corazón. Hay que hacerlo con energía y con decisión; estar convencido que le sacas adelante.

El desenlace

Yo casi blasfemaba. De repente noto que hay movimiento y vida. Esto es indescriptible. El paciente sale de la parada y recupera la conciencia. Le tengo que tranquilizar y decirle que soy médico y le estoy ayudando y etc, etc. El señor se calma. Acto seguido llega una unidad del SAMUR y se hace cargo del paciente. Le pasan a la ambulancia y le llevan al hospital que está justo enfrente. Mismo método de resucitación (RCP), exactamente el mismo para un ahogado. Extrañamente de urgencias del hospital, que estaba a unos 30 metros, no vino nadie. No supe más de Aurelio.»

Lo deseable es que no ocurran estas desgracias, pero si suceden y estamos presentes… ¡valentía! y… masaje, masaje, masaje hasta que llegue mi SUMMA112 o el SAMUR.

Dr. Miguel Ángel Álvarez Álvarez.